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Cómo usar un mala para meditar

Miha Cacic · 11 de abril de 2026 · 8 min de lectura

Meditación
Cómo usar un mala para meditar

Un mala es una sarta de 108 cuentas que se usa para contar repeticiones de mantra durante la meditación. Pero contar no es el objetivo. El mala funciona porque les da a tus manos algo que hacer, a tus oídos algo que seguir y a tu mente un circuito físico que recorrer, ocupando los canales que de otro modo se llenarían de distracciones. Eso lo convierte en una de las herramientas de meditación más prácticas que existen, especialmente para quienes encuentran demasiado abstracto sentarse con los ojos cerrados y ‘observar la respiración’ durante mucho rato.

¿Qué es un mala?

Un mala es un lazo de 108 cuentas con una cuenta más grande (llamada cuenta guru o cuenta meru) que marca el punto de partida. La mayoría de los malas tienen una borla colgando de la cuenta guru, y muchos incluyen cuentas separadoras que dividen el cordón en cuatro secciones de 27. Los malas de muñeca (27 cuentas con elástico) son una versión más corta diseñada para llevar a cualquier parte. Vista cenital de un mala dispuesto en círculo que muestra la cuenta guru más grande, la borla y las cuentas separadoras que dividen el lazo en cuatro secciones

Los materiales más habituales son las semillas de rudraksha, sándalo, madera de tulsi, hueso (en la tradición tibetana), piedras semipreciosas y madera sencilla. Las tiendas online te dirán que cada piedra tiene propiedades curativas distintas. La orientación más honesta viene de Rolf Sovik, psicólogo clínico y expresidente del Himalayan Institute: “El material del mala es mucho menos importante que la sinceridad y la concentración con la que traes el mantra a la mente”. Un mala sencillo de madera funciona perfectamente para cualquier principiante.

¿Por qué los malas tienen 108 cuentas?

Todo el mundo lo pregunta. Nadie tiene una respuesta definitiva.

Hay muchas explicaciones que se proponen: el Muktika Upanishad enumera exactamente 108 Upanishads. Las tradiciones hindú y budista reconocen 108 nombres de varias deidades. La proporción entre el diámetro del Sol y el de la Tierra es de aproximadamente 109 (lo bastante cerca de 108 para que se cite como una coincidencia cósmica). El 108 es un número de Harshad, es decir, divisible por la suma de sus dígitos (1+0+8=9, y 108÷9=12), que en sánscrito se traduce como “dador de alegría”.

El planteamiento honesto: el 108 ha sido considerado sagrado en las tradiciones hindú y budista durante milenios, y su origen concreto se ha perdido en el tiempo. La prescripción textual más antigua que se conoce de las 108 cuentas para contar mantras aparece en el Mu Huanzi Jing, un texto budista mahayana de aproximadamente los siglos IV o V d. C., en el que el Buda aconseja a un rey atormentado que ensarte 108 cuentas de madera y recite sobre cada una de ellas.

Lo que importa en la práctica: 108 repeticiones a un ritmo moderado llevan aproximadamente entre 15 y 25 minutos, una duración natural para una sesión. La tradición del Himalayan Institute cuenta solo 100 repeticiones por vuelta, atribuyendo las 8 cuentas extra a los inevitables momentos en que la mente se distrae. También existen malas de 54 y 27 cuentas para sesiones más cortas.

Por qué usar un mala para meditar

La mayoría de los artículos dicen que el mala “mejora la concentración” o “trae calma” y se quedan ahí. Eso equivale a decir que una bicicleta “te ayuda a moverte”. El mecanismo es más concreto.

Llena tus canales de atención

Cuando usas un mala, ocupas simultáneamente tres canales cognitivos: el tacto (sentir la cuenta), el sonido (recitar el mantra, en silencio o en voz alta) y el seguimiento secuencial (avanzar por el circuito). La teoría de la carga de la atención selectiva (2004) de Nils Lavie ofrece un marco para entender por qué importa: cuando la carga perceptiva es alta (muchos canales ocupados), queda menos capacidad cognitiva disponible para procesar distractores. Una carga perceptiva baja deja capacidad libre, que la mente llena automáticamente con pensamientos irrelevantes. Tres manos convergiendo sobre una sola cuenta que representan el tacto, el sonido y el seguimiento secuencial como canales de atención

Esto ayuda a explicar por qué la meditación japa (repetición de mantra con un mala) suele ser más accesible para los principiantes que la meditación basada únicamente en la respiración. Le da a la mente inquieta más cosas que seguir, no menos, lo que paradójicamente reduce la distracción. Como lo expresó un practicante Theravada: “Implicar más sentidos puede ayudar a la concentración… las cuentas del mala pueden ser una forma de involucrar más sentidos en la práctica”.

Cada cuenta es un microdespertar

Ram Dass lo describió mejor que nadie: “Si quieres un análisis psicológico del uso de un mala, podrías decir que es un ‘dispositivo de señales kinestésicas’. Sin él, podrías estar recitando el mantra y perderte haciéndolo de forma mecánica. Pero si de pronto sientes la cuenta entre los dedos, te despierta de nuevo”.

Te dejas llevar por el piloto automático, sientes la cuenta bajo el pulgar y eso te trae de vuelta. Sucede 108 veces por vuelta. No es un conteo pasivo, sino 108 pequeños regresos a la conciencia.

Reemplaza al cronómetro

Un mala convierte la meditación de mirar el reloj en recorrer un circuito. En lugar de abrir los ojos para comprobar cuánto tiempo llevas sentado, sabes que la sesión termina cuando vuelves a la cuenta guru. Un practicante de Dhamma Wheel describió así el cambio: “Me gusta usar malas porque desplaza el foco de ‘cumplir un tiempo’ a ‘reservar un tiempo’“.

Lo que muestra la neurociencia

Hay tres hallazgos que vale la pena conocer. Primero, Berkovich-Ohana et al. (2015) demostraron en un estudio de fMRI que incluso la simple repetición de una palabra (sin mala, sin entrenamiento, solo repitiendo una palabra en silencio) producía una desactivación generalizada de la red neuronal por defecto (el circuito cerebral asociado al divagar mental y al pensamiento autorreferencial) en 23 sujetos no meditadores. Incluso sin mala ni entrenamiento en meditación, el habla repetitiva acalla la mente errante a nivel neural.

Segundo, Acevedo, Pospos y Lavretsky (2016) revisaron 13 estudios y encontraron que las prácticas de meditación activa que combinan repetición verbal con tacto o movimiento activaban áreas cerebrales relacionadas con la “estimulación táctil, la integración sensoriomotora y la función motora”, áreas que las prácticas de pura atención plena no activaban. Ningún estudio ha analizado específicamente el uso del mala, pero la implicación está clara: añadir un ritmo táctil a la recitación del mantra recluta vías neuronales que la quietud silenciosa no activa.

Tercero, Bernardi et al. (2001) descubrieron que tanto el rezo del rosario como la recitación de mantras yóguicos ralentizaban la respiración por sí mismos hasta unas 6 respiraciones por minuto, la misma frecuencia que los ritmos cardiovasculares endógenos del cuerpo. Esta sincronización producía aumentos significativos en la sensibilidad barorrefleja y en la variabilidad de la frecuencia cardíaca. La convergencia es llamativa: dos tradiciones sin relación entre sí llegaron al mismo ritmo, y ese ritmo coincide con uno que el cuerpo ya tiene de serie.

Una herramienta dentro de una familia

El mala ancla la atención a través del tacto. Una vela de trataka la ancla a través de la vista. Contar respiraciones la ancla mediante la interocepción (sentir el cuerpo desde dentro). Son distintas puertas de entrada a la misma habilidad: la atención voluntaria sostenida. Para quienes encuentran demasiado abstracto cerrar los ojos y observar la respiración, el mala ofrece una alternativa concreta y táctil.

Cómo usar un mala: paso a paso

Elige un mantra (o usa tu respiración)

Primer plano de la cuenta guru y la borla erguidas en la parte superior de un mala con un pulgar haciendo una pausa al lado antes de cruzar

Un mantra puede ser una sílaba sánscrita tradicional (Om, Om Mani Padme Hum, Om Namah Shivaya), una palabra en tu propio idioma o simplemente tu respiración. Si los mantras te resultan ajenos, cuenta un ciclo respiratorio por cuenta. El mala funciona con ambos.

Sostén el mala correctamente

Apoya el mala sobre el dedo medio o el anular de tu mano derecha. Usa el pulgar para tirar de cada cuenta hacia ti. La razón tradicional para excluir el dedo índice: representa el ego (es el dedo con el que se señala). La razón práctica: la pinza entre pulgar y dedo medio te da mejor control sobre la cuenta.

Nota: la regla de usar solo la mano derecha viene de la tradición hindú. Los tibetanos usan cualquiera de las dos manos, y Padmasambhava prescribió distintos dedos para distintos tipos de mantras. Si no estás practicando dentro de una tradición concreta, usa la mano que te resulte natural. Primer plano de una mano derecha sosteniendo un mala apoyado sobre el dedo medio con el pulgar presionando una sola cuenta y el dedo índice replegado

Empieza en la cuenta guru, una cuenta por repetición

Cada cuenta recibe un mantra completo o un ciclo respiratorio completo. No te apresures. El ritmo debe coincidir con la cadencia natural del mantra, no con una velocidad arbitraria. A unas 6 cuentas por minuto (un ritmo coherente con el hallazgo de Bernardi sobre el ritmo natural del mantra de 6 ciclos por minuto), una vuelta completa lleva unos 18 minutos.

No cruces la cuenta guru

Cuando vuelvas a la cuenta guru al final de una vuelta, haz una pausa. Tradicionalmente este es un momento para “inclinarse mentalmente ante el guru”. En la práctica, es un punto de control: nota cómo te sientes antes de decidir si continuar. Para empezar otra vuelta, gira el mala y vuelve en sentido contrario.

Cuando pierdas el hilo

Vas a perder la cuenta. Tu mente se distraerá y tu pulgar se moverá sin que te des cuenta. Cuando lo notes, devuelve la atención a la cuenta en la que estés. No empieces de nuevo. No retrocedas. Darse cuenta es la práctica.

Cuánto tiempo practicar

Una vuelta (108 cuentas) es un buen punto de partida. La japa tradicional prescribe varias vueltas, pero para un principiante, una vuelta hecha con atención vale más que cuatro vueltas en piloto automático.

Cómo elegir un mantra para tu práctica con mala

Empieza por lo simple. “Om” es el mantra más universal: una sola sílaba, sin nada que memorizar, utilizable independientemente de la tradición. Otras opciones accesibles:

  • Om Mani Padme Hum (mantra tibetano de la compasión, seis sílabas)
  • Om Namah Shivaya (mantra hindú de la transformación, cinco sílabas)
  • So Hum (“yo soy eso”, se sincroniza naturalmente con la respiración: “So” al inspirar, “Hum” al espirar)

Las alternativas seculares también funcionan. Si los mantras te suenan demasiado espirituales, usa una palabra que signifique algo para ti: “paz”, “soltar”, “estoy aquí”. El mecanismo es el mismo: la repetición combinada con el tacto produce concentración. Ram Dass describió un mantra como “un único patrón de onda que poco a poco se impone a todos los demás, hasta que el mantra es la única forma de pensamiento que queda”. El contenido importa menos que la constancia.

Quédate con uno. El consejo de las tradiciones hindú y yóguica es practicar un mismo mantra durante al menos 40 días antes de cambiar. Cambiar de mantra en cada sesión es como abrir un surco nuevo en un disco cada vez. La constancia permite que la asociación entre el mantra y el estado mental se profundice.

Recibido frente a elegido. En algunas tradiciones, un guru te entrega un mantra personal. En la práctica moderna, la mayoría de la gente elige el suyo. Cualquiera de las dos vías funciona. El poder del mantra viene de la repetición y la intención, no de la autoridad.

La progresión de la práctica (qué pasa con el tiempo)

Lo que la mayoría de los practicantes quieren saber en cada etapa es: “¿Lo estoy haciendo bien?“.

Etapa 1: torpe y disperso. Los dedos se enredan. Las cuentas se escurren. El mantra compite con un torrente de pensamientos. Pierdes la cuenta una y otra vez. Es normal, y la torpeza física en realidad ayuda. Tropezarse exige atención, y la atención es justo lo que estás entrenando.

Etapa 2: el conteo se vuelve automático. El movimiento del pulgar y la cuenta se afina. El mantra empieza a sostenerse solo. Tu mente sigue divagando, pero la atrapas más rápido porque el ritmo táctil te trae de vuelta. Un practicante de Dhamma Wheel describió usar el mala específicamente como calentamiento: “He empezado a usarlas junto con la respiración, para asentarme antes de meditar… Cuando me siento más asentado, dejo el mala y paso al conteo mental”.

Etapa 3: el mantra se profundiza. El mantra deja de ser una recitación mental y se convierte en algo más parecido a una vibración o una sensación. Tseng (2022) describe esto como el estado en el que “la repetición del mantra ya no ocurre conscientemente y, en su lugar, la mente alcanza un estado casi vacío, sin pensamiento”. El movimiento del mala se vuelve tan natural que se desvanece de la conciencia. Puede que el mantra siga sonando por dentro incluso después de soltar el mala.

Etapa 4: el mala se vuelve opcional. Algunos practicantes llegan a un punto en el que sostienen el mantra sin el mala. El ritmo interno ya está establecido. El mala pasa a ser una preferencia más que una necesidad, como las rueditas de aprendizaje que ya cumplieron su función. No todo el mundo llega a esta etapa, y no todo el mundo debería buscarla. Muchos practicantes con experiencia siguen usando un mala durante décadas porque ancla su práctica.

En el linaje Theravada birmano, esta progresión era explícita. Dentro de la tradición de Ledi Sayadaw, la práctica con mala se usaba como lo que un practicante llamó “meditación sustituta”, una práctica introductoria antes de que los estudiantes pasaran al anapanasati (atención a la respiración). En este linaje, el mala nunca era el destino final. Un practicante que acabó dejando el mala a un lado describió la transición así: “Decidí que mi nariz fuera mi mala, y cada inhalación y exhalación, las cuentas”.

Errores comunes (y las reglas que puedes ignorar tranquilamente)

Pasar las cuentas a toda velocidad. El error más habitual del principiante. Si terminas las 108 cuentas en menos de 10 minutos, estás corriendo, no meditando. Cada cuenta debería recibir un mantra o un ciclo respiratorio completo y sin prisa.

Obsesionarse con la posición de la mano. La prohibición del dedo índice, la regla de usar solo la mano derecha y la colocación específica de los dedos vienen de la tradición cultural hindú. Vale la pena respetarlas si practicas dentro de esa tradición. Pero no son universales (los tibetanos usan cualquier mano; Padmasambhava prescribió dedos distintos para mantras distintos), y angustiarse por “hacerlo mal” desvirtúa el sentido de una práctica que busca la calma.

Tratar el mala como un accesorio de moda. Llevar un mala sin usarlo es como colgar un piano en la pared. Como lo expresó un practicante en Dhamma Wheel: “Siempre me sorprende la cantidad de yoguis que tienen malas, los llevan a menudo, pero no saben cómo usarlos”. Si llevarlo te recuerda que tienes que practicar, perfecto. Pero el valor está en hacerlo.

No practicar nunca sin él. Si siempre necesitas el mala para meditar, puede que estés dependiendo de la herramienta en lugar de desarrollar la habilidad que entrena. Siéntate de vez en cuando sin él y comprueba si tu concentración se sostiene. Un practicante en el mismo foro describió cómo se encariñó demasiado con el mala en sí: “Acababa jugueteando con él más que meditando con él… preocupándome por dónde estaba o si lo había perdido… me apegué a él como un complemento que reforzaba mi identidad de meditador”.

Reglas que puedes ignorar tranquilamente como principiante: No necesitas “energizar” tu mala durante 40 días para que funcione. No necesitas piedras concretas para intenciones concretas. No necesitas esconderlo de los demás ni guardarlo en una bolsita especial. Empieza por lo sencillo: madera o cuentas de semilla, un mantra, una vuelta.

Cómo cuidar tu mala

Guárdalo en un lugar limpio y siempre el mismo: un cuenco pequeño, una bolsita de tela, la mesilla de noche. Esto crea una asociación ritual entre ver el mala y sentarte a practicar.

Si se rompe el cordón, vuélvelo a ensartar. Un mala muy usado se desgasta, y eso es señal de que de verdad lo estás usando. Los nudos entre cuentas alargan su vida útil y evitan que las 108 cuentas se desperdiguen cuando el cordón cede.

No enrolles un mala completo apretado alrededor de la muñeca; tensa el cordón. Los malas de muñeca (27 cuentas con elástico) están diseñados para llevarse puestos. Los malas completos no.

Un mala acumula significado con el uso, no a través de ceremonias. Un mala sencillo de madera muy usado vale más para tu práctica que uno de piedras semipreciosas que nunca se utiliza.


Fuentes

  • Berkovich-Ohana A, Wilf M, Kahana R, Arieli A, Malach R. (2015). “Repetitive speech elicits widespread deactivation in the human cortex: the ‘Mantra’ effect?” Brain and Behavior, 5(7):e00346. DOI: 10.1002/brb3.346. PMID: 26221571.
  • Garrison KA, Zeffiro TA, Scheinost D, Constable RT, Brewer JA. (2015). “Meditation leads to reduced default mode network activity beyond an active task.” Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience, 15(3):712–720. DOI: 10.3758/s13415-015-0358-3. PMID: 25904238.
  • Acevedo BP, Pospos S, Lavretsky H. (2016). “The Neural Mechanisms of Meditative Practices: Novel Approaches for Healthy Aging.” Current Behavioral Neuroscience Reports, 3(4):328–339. DOI: 10.1007/s40473-016-0098-x. PMID: 27909646.
  • Bernardi L, Sleight P, Bandinelli G, et al. (2001). “Effect of rosary prayer and yoga mantras on autonomic cardiovascular rhythms: comparative study.” BMJ, 323(7327):1446–1449. PMID: 11751348.
  • Tseng AA. (2022). “Scientific Evidence of Health Benefits by Practicing Mantra Meditation: Narrative Review.” International Journal of Yoga, 15(2):89–95. DOI: 10.4103/ijoy.ijoy_53_22. PMID: 36329765.
  • Lavie N, Hirst A, de Fockert JW, Viding E. (2004). “Load Theory of Selective Attention and Cognitive Control.” Journal of Experimental Psychology: General, 133(3):339–354. DOI: 10.1037/0096-3445.133.3.339. PMID: 15355143.
  • Sovik R. “String of Pearls: How to Use a Mala.” Yoga International / Himalayan Institute.
  • Ram Dass. (2014). “How to Use a Mala.” Love Serve Remember Foundation. https://www.ramdass.org/use-mala/
  • Ram Dass. “Why Do We Use Mantras?” Love Serve Remember Foundation. https://www.ramdass.org/why-do-we-use-mantras/
  • Mu Huanzi Jing (木槵子經). Mahayana Buddhist text, approx. 4th–5th century CE. Translation accessed via Buddho.org.
  • Community discussions: Dhamma Wheel Forum (dhammawheel.com) and Dharma Wheel Forum (dharmawheel.net), threads on mala use in Buddhist practice.
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