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Cómo practicar la meditación trataka: una guía paso a paso

Miha Cacic · 8 de abril de 2026 · 10 min de lectura

Trataka
Cómo practicar la meditación trataka: una guía paso a paso

Trataka es una meditación de fijación visual en la que miras un punto fijo (normalmente la llama de una vela) sin parpadear, después cierras los ojos y sostienes la imagen residual en tu mente. La técnica es sencilla. Lo difícil es saber qué se supone que debe ocurrir en cada etapa, especialmente con los ojos cerrados. Esta guía cubre la práctica completa, incluido lo que vas a experimentar de verdad, para que puedas saber si vas por buen camino.

Qué es trataka (y qué no es)

Trataka significa “fijar la mirada” en sánscrito. El Hatha Yoga Pradipika, un texto de yoga del siglo XV, lo define con claridad: “Manteniendo la calma, hay que mirar fijamente una marca pequeña hasta que los ojos se llenen de lágrimas. Esto es lo que los maestros llaman Trataka” (verso 2:31).

Pero esa definición abarca dos prácticas distintas, y la mayoría de las guías las mezclan.

Trataka como técnica de purificación (kriya). En la tradición del hatha yoga, trataka es uno de los seis shatkarmas, prácticas de purificación corporal. Aquí el objetivo es sostener la mirada hasta que las lágrimas fluyan libremente. Las lágrimas limpian los ojos y los conductos lagrimales. Miras, lloras, terminas. El Hatha Yoga Pradipika dice que trataka “elimina las enfermedades oculares y la pereza” (verso 2:32).

Trataka como meditación. La fase de mirar es solo la preparación. La práctica real es lo que sucede después de cerrar los ojos: sostener la imagen residual, estabilizar la atención sobre ella y, con el tiempo, pasar de esa imagen interna concreta a una concentración más profunda. Este es el camino que va de dharana (concentración enfocada) hacia dhyana (meditación).

El marco tradicional divide la práctica en dos etapas. La trataka bahiranga (externa) es la fijación con los ojos abiertos. La trataka antaranga (interna) es la fase con los ojos cerrados, en la que se trabaja con la imagen residual. La fase interna es donde ocurre la meditación, pero la mayoría de las guías dedican casi todas sus palabras a bahiranga y despachan antaranga en una o dos frases.

Este artículo trata sobre trataka como meditación. Si la practicas para limpiar los ojos, las instrucciones de fijación siguen siendo válidas, pero el trabajo con la imagen residual que se describe más adelante es lo que distingue la meditación de un shatkarma.

Cómo preparar la práctica de trataka

Qué mirar

La llama de una vela es el mejor objeto inicial para principiantes. Produce una imagen residual fuerte (importante para la fase con los ojos cerrados), atrae la mirada de forma natural y exige una habitación oscura, lo que elimina las distracciones visuales. Existen otras opciones: un punto negro sobre papel blanco, un yantra geométrico o una imagen pequeña. Funcionan si no puedes usar una llama (más sobre esto en la sección de contraindicaciones), pero producen imágenes residuales más débiles y requieren más práctica para trabajarlas.

La vela

Usa una vela cilíndrica o cónica, lisa, sin perfume, con mecha de algodón. Evita las velas de té (demasiado bajas, demasiado tenues) y las velas perfumadas (hollín y olor que distrae). Recorta la mecha a aproximadamente 1 cm para conseguir una llama estable y firme. Si la mecha está doblada, orienta la punta hacia ti para que el punto más brillante de la llama quede en tu línea visual directa.

Distancia y altura

Coloca la vela a la distancia de un brazo, aproximadamente entre 50 y 75 cm de los ojos. Más cerca produce una imagen residual más intensa, pero también más fatiga ocular. Más lejos resulta más suave, pero puede dar una imagen residual más débil. El principio: lo bastante cerca como para que la llama llene tu visión central, lo bastante lejos como para que la mirada se mantenga relajada. Ilustración en vista lateral que muestra la preparación correcta de trataka: postura sentada con la vela a la distancia de un brazo y la llama a la altura de los ojos

La llama debe quedar a la altura de los ojos o muy ligeramente por debajo. Si necesitas elevar la vela, apila algunos libros debajo. Mirar hacia arriba a una llama durante varios minutos fuerza el cuello y altera la calidad de la mirada.

La habitación

Oscura o muy tenue, sin corrientes de aire. Una llama oscilante anula el propósito: los ojos persiguen el movimiento en lugar de asentarse en una fijación estable. Cierra ventanas, apaga ventiladores, apaga las pantallas. Cuanto más oscura sea la habitación, más fuerte será la imagen residual al cerrar los ojos.

Postura

Sirve cualquier postura sentada estable en la que la columna esté erguida: con las piernas cruzadas en el suelo, sobre un cojín de meditación o en una silla. El requisito clave es que puedas estarte quieto durante toda la sesión sin moverte. Si estás incómodo, vas a estar pensando en tus rodillas en vez de en la llama.

¿En un escritorio? Sí. Siéntate erguido y coloca la vela a la altura de los ojos (sobre una pila de libros si hace falta). La principal limitación es que los entornos de oficina suelen tener corrientes de aire y luz ambiental, así que minimiza ambas cosas.

¿Tumbado? No se recomienda. La llama no puede estar a la altura de los ojos cuando estás horizontal, y la postura supina favorece la somnolencia, lo opuesto a lo que cultiva trataka. Si no puedes sentarte erguido, usa una silla reclinable con la vela ajustada para que coincida con tu línea visual.

Gafas y lentes de contacto

Quítate las lentes de contacto antes de empezar. La fijación prolongada sin parpadear las resecará, causando molestias y arruinando la práctica. Con las gafas hay que usar el criterio. Si al quitártelas solo ves una mancha borrosa donde debería estar la llama, déjatelas puestas. Si tu visión está ligeramente comprometida pero aún distingues el núcleo brillante de la llama, prueba sin ellas. Un punto focal más suave puede ayudar a algunos practicantes a relajar la mirada.

Cuándo practicar

En cualquier momento en que estés despierto y hayas digerido la última comida. La recomendación tradicional es a primera hora de la mañana (de 4 a 6 de la madrugada) o antes de dormir. Practicar antes de dormir funciona especialmente bien: en un pequeño estudio con 29 participantes durante 10 días, Tubbs et al. (2020) descubrieron que las sesiones diarias de trataka reducían la gravedad del insomnio, y las puntuaciones del Índice de Gravedad del Insomnio bajaron de un insomnio clínicamente moderado a niveles subumbrales. Evita practicar cuando ya estás somnoliento. Trataka cultiva una alerta concentrada, no una relajación que conduzca al sueño.

Práctica de trataka paso a paso

1. Asentarse (de 2 a 3 minutos)

Siéntate, cierra los ojos y deja que tu cuerpo llegue. Siente los puntos de contacto: los isquiones sobre el cojín, las manos en las rodillas o los muslos, los pies en el suelo. Deja que la respiración se ralentice por sí sola. No te saltes este paso. Si pasas directamente del móvil a mirar una vela, vas a llevar esa energía dispersa a la práctica y luego te preguntarás por qué se siente vacía.

2. Abre los ojos y fija la mirada (de 3 a 5 minutos para principiantes)

Fija la mirada en un punto concreto: la parte más brillante de la llama o la punta incandescente de la mecha. Mantén la mirada firme y suave. No es una mirada dura ni forzada; piensa en ello como dejar reposar los ojos sobre la llama. Deja que los párpados se abran un poco más de lo normal. Intenta no parpadear, pero no aprietes la cara ni te tenses.

Si necesitas parpadear, parpadea. Luego retoma. La capacidad de sostener la mirada sin parpadear se alarga de forma natural con la práctica.

3. Lo que vas a experimentar mientras miras

Te llorarán los ojos. Es normal y esperable, no una señal de que algo vaya mal. La llama puede parecer cambiar de color o desarrollar un halo o aura a su alrededor. Tu visión periférica puede oscurecerse o desaparecer por completo. Son efectos predecibles de la fijación sostenida: tus fotorreceptores se adaptan y el desvanecimiento de Troxler hace que las imágenes periféricas estáticas se borren de la conciencia (Martinez-Conde et al., 2006).

Surgirán pensamientos. Está bien. No hace falta que los detengas. Déjalos pasar y vuelve a llevar la atención a la llama cada vez que notes que se ha distraído. Ese regreso es la práctica.

4. Cierra los ojos

Cuando los ojos te lloren mucho o se sientan forzados, ciérralos suavemente. No los aprietes con fuerza. Esta es la transición de la trataka externa a la interna, y aquí empieza la verdadera meditación.

5. La imagen residual: qué esperar

Inmediatamente después de cerrar los ojos, verás una forma brillante (a menudo un punto u óvalo) sobre la oscuridad, normalmente en el color complementario de la llama: azul, púrpura o cian en lugar de naranja. Es un efecto retiniano normal, no una alucinación. Las células fotorreceptoras estimuladas por la llama están temporalmente fatigadas, así que cuando cierras los ojos tu sistema visual interpreta ese desequilibrio como una imagen en el color opuesto. (El mecanismo completo se explica en la sección sobre la imagen residual más abajo.)

Lo más probable es que la imagen residual flote, se desplace o palpite. Esto ocurre porque tus ojos se mueven detrás de los párpados cerrados. La imagen residual está “impresa” en células retinianas concretas, así que cuando los ojos giran, la imagen se mueve con ellos.

Intenta sostener la imagen en el entrecejo (el espacio entre las cejas). No la persigas. En lugar de eso, fija tu mirada interna y deja que la imagen se asiente allí. Esa estabilización es ya la práctica de concentración. Estás entrenando la atención para que permanezca sobre un único objeto.

La imagen residual se desvanecerá. A veces en segundos, a veces a lo largo de un minuto o más, según cuánto tiempo hayas mirado y cuán oscura esté la habitación. Puede pasar por varios colores mientras se desvanece (de azul a verde, de verde a dorado). Es una adaptación normal de los fotorreceptores, no un acontecimiento espiritual, aunque la tradición yóguica sí asocia estos cambios de color con etapas de la práctica.

Cuando la imagen residual desaparezca por completo, quédate con lo que quede: una sensación residual, oscuridad, quietud. No abras los ojos enseguida.

6. Cuando la imagen residual se ha ido

Tienes dos opciones. Puedes abrir los ojos y repetir el ciclo de fijación (recomendado para principiantes, que suelen hacer entre 2 y 4 ciclos por sesión). O puedes seguir con los ojos cerrados y sostener el recuerdo de la imagen, aunque la imagen residual retiniana ya haya desaparecido. Esta segunda opción es el inicio de una verdadera práctica de visualización, el paso de trabajar con una impresión retiniana a trabajar con una imagen mental. Se desarrolla a lo largo de semanas y meses, no en la primera sentada.

7. Cerrar la práctica

Frota las palmas de las manos hasta que estén calientes. Ahuécalas suavemente sobre los ojos cerrados sin presionar los globos oculares. Mantén la postura de 10 a 15 segundos. Este paso de “palming” permite que los ojos descansen en oscuridad total antes de volver a enfrentarse a la luz ambiental.

Abre los ojos despacio. La tradición de la Bihar School of Yoga recomienda salpicar los ojos con agua fresca después de la práctica: ahueca un poco de agua a temperatura ambiente en la palma y parpadea con un ojo abierto dentro de ella, de uno en uno. Es opcional, pero alivia, sobre todo si los ojos se sienten secos.

Qué es la imagen residual (y por qué importa)

La ciencia

Comparación lado a lado mostrando la llama de una vela y su imagen residual de color complementario tal como se ve con los ojos cerrados

Cuando miras la llama de una vela, la luz concentrada estimula con fuerza fotorreceptores específicos de tu retina (sobre todo los conos L y M, que responden a las longitudes de onda cálidas naranja-amarillas). Esas células disparan de forma continua. Sus fotopigmentos, moléculas de 11-cis retinal, sufren un cambio conformacional llamado blanqueamiento. Las células se vuelven temporalmente menos sensibles.

Cuando cierras los ojos no hay luz externa, pero esos receptores blanqueados ahora envían señales más débiles que las células circundantes. Tu sistema visual lee esa diferencia como una imagen, en el color complementario del estímulo original. Para una llama naranja, ese color es azul o púrpura.

A medida que los fotopigmentos se regeneran (en cuestión de segundos a minutos), el desequilibrio de la señal se desvanece. La imagen residual desaparece. Esto es fisiología retiniana bien comprendida, no misticismo.

Por qué esto importa para la meditación

La mayoría de las técnicas de meditación te piden enfocarte en algo sutil: la respiración en las fosas nasales, un mantra, una sensación corporal. Esos objetos son fáciles de perder. La mente divaga, te olvidas de que estabas meditando y pasan minutos antes de que te des cuenta.

La imagen residual de trataka es vívida. Está ahí mismo, imposible de ignorar mientras dura. Le da a tu mente un objeto interno concreto al que aferrarse. Y el reto de estabilizar una imagen residual que se desplaza es una forma directa y visceral de entrenar la concentración. Puedes sentir cómo lo logras o fallas en tiempo real.

Por eso trataka se describe tradicionalmente como un puente entre las prácticas yóguicas centradas en el cuerpo (asana, pranayama) y las centradas en la mente (dharana, dhyana). Empiezas con algo físico (la vela) y haces la transición a algo mental (la imagen interna). Una revisión sistemática de 2025 propuso una explicación neurofisiológica: la fijación visual concentrada potencia las redes atencionales descendentes y el filtrado talámico mientras reduce la actividad por defecto del cerebro asociada al divagar mental.

También opera un principio más amplio. La visión es nuestro sentido dominante: aproximadamente la mitad del cerebro participa, directa o indirectamente, en el procesamiento visual (Sur, 1996). La investigación de Marcel Kinsbourne demostró que la dirección de la mirada se correlaciona con la activación hemisférica del cerebro: mirar a la derecha activa el hemisferio izquierdo y mirar a la izquierda activa el derecho (Kinsbourne, 1972). La inferencia, sugerida por el maestro de meditación Giovanni Dienstmann, es que una mirada perfectamente centrada y quieta podría producir una actividad cerebral más equilibrada. Es una interpretación plausible, no un hallazgo demostrado, pero ayuda a explicar por qué aquietar los ojos parece aquietar la mente.

Qué hacer si no ves la imagen residual

Es habitual en principiantes. Posibles causas: la habitación está demasiado iluminada, la fijación ha sido demasiado breve, hay demasiada tensión en los ojos o en la mente. No intentes fabricar una visualización. Quédate con lo que veas, aunque sea solo oscuridad. La imagen residual se vuelve más nítida y dura más con la práctica.

Qué hacer si se mueve

Tus ojos se están moviendo detrás de los párpados cerrados. No persigas la imagen. Fija la mirada interna en el entrecejo y deja que la imagen se desplace hacia allí. La estabilización en sí misma es el ejercicio de concentración.

Qué hacer cuando se desvanece

No te alarmes. Quédate con la sensación residual. A lo largo de semanas de práctica descubrirás que puedes sostener la imagen más tiempo y, con el tiempo, mantenerla incluso después de que la impresión retiniana se haya desvanecido. Esa transición, de la imagen residual retiniana a la verdadera visualización mental, es el avance de la trataka bahiranga a la antaranga.

Cuánto y con qué frecuencia practicar

Los consejos varían enormemente según las fuentes, desde 2 hasta 40 minutos. Aquí tienes un marco.

Principiantes: Empieza con 5 a 10 minutos en total, incluida la fase de asentamiento. La fase de fijación puede durar de 1 a 3 minutos por ronda. Haz de 2 a 3 rondas. No fuerces. Tus ojos necesitan tiempo para adaptarse a la fijación sostenida, y tu mente necesita tiempo para aprender qué hacer con la imagen residual.

Intermedios: De 15 a 20 minutos en total. La fase de fijación se alarga de forma natural a 3-5 minutos a medida que los ojos se adaptan y las lágrimas tardan más en aparecer.

Límite de fijación continua en la llama: Varios maestros con experiencia recomiendan no mirar una llama durante más de 10 minutos seguidos en una sola ronda. La exposición prolongada a una fuente de luz concentrada fatiga las células retinianas, y no hay razón para forzar más allá del punto de lágrimas abundantes y tensión.

Frecuencia: La práctica diaria es la que ofrece resultados más claros en la investigación disponible. Un estudio de 2014 de Raghavendra y Singh halló que 26 días de sesiones diarias produjeron mejoras significativas en memoria de trabajo, atención selectiva y función ejecutiva en participantes mayores, aunque las sesiones incluían ejercicios oculares preparatorios, cantos y relajación junto con trataka, por lo que las ganancias no pueden atribuirse solo a la fijación visual. Un estudio más pequeño con 30 adolescentes encontró mejoras en la atención selectiva, la flexibilidad cognitiva y una reducción de la ansiedad (Ramanathan et al., 2020). Ningún estudio comparó frecuencias distintas de práctica, pero el patrón general en la investigación sobre meditación favorece la constancia sobre la duración.

La regla de la pausa cada dos meses. Algunos profesores experimentados de yoga recomiendan tomarse una pausa de 1 o 2 semanas en la trataka con vela cada dos meses de práctica diaria, o cambiar a un objeto sin llama (un punto negro o un yantra) durante la pausa. La preocupación es que la fijación diaria sostenida en la llama pueda generar una fatiga retiniana acumulada. Esta precaución viene de tradiciones orales de enseñanza, no de textos clásicos ni de investigación publicada. Es razonable y no cuesta nada seguirla.

Mejor momento del día: A primera hora de la mañana o por la tarde-noche. Antes de dormir funciona bien, como se mencionó antes. Después de comer también vale, siempre que no estés somnoliento.

Errores frecuentes y cómo evitarlos

Forzar para no parpadear. La mirada debe ser firme pero relajada. Si estás apretando los músculos de la cara, te estás esforzando demasiado. Parpadear cuando lo necesitas no es un fracaso. La duración sin parpadeo se alarga de forma natural con la práctica.

Mirar la parte equivocada de la llama. Elige un punto concreto: la punta de la mecha o el núcleo más brillante de la llama. Mantén los ojos ahí. Si tu mirada vagabundea por la llama, no estás haciendo trataka, estás mirando una vela.

Pasar por encima de la fase con los ojos cerrados. Es el error más común. La etapa de la imagen residual es la meditación. No la trates como una breve pausa entre rondas de fijación. Quédate con ella. Deja que se desvanezca. Permanece con la oscuridad cuando se haya ido. Dale a la fase interna al menos tanto tiempo como a la fase de fijación.

Llama oscilante. Si la llama baila, hay corriente. Arregla el entorno antes de intentar practicar. Una llama en movimiento hace imposible una fijación firme y produce una imagen residual desordenada.

Vela equivocada. Las velas de té están demasiado bajas, queman demasiado tenuemente y oscilan en su propio charco de cera. Las velas perfumadas producen hollín y olores que distraen. Usa una vela cilíndrica o cónica, lisa.

Practicar con lentes de contacto. Se van a secar, te van a molestar y te van a distraer. Quítatelas antes de empezar.

Sobreentrenamiento. Más no es mejor, sobre todo siendo principiante. No hagas sesiones de 30 minutos mirando una vela en tu primera semana. Construye gradualmente. El Hatha Yoga Pradipika describe trataka como algo que hay que guardar en secreto “como una caja de oro” (verso 2:32). Trata tu práctica con el mismo cuidado proporcional.

Quién no debe hacer trataka

La ansiedad por la seguridad es real con esta práctica, en parte porque los consejos de los foros oscilan entre “es totalmente inofensivo” y “te vas a dañar los ojos sin un gurú”. Ninguno de los dos extremos es exacto. Estas son las contraindicaciones reales.

Glaucoma. Un ensayo controlado aleatorizado de 2022 halló que los ejercicios oculares basados en trataka producían solo una reducción pequeña y clínicamente irrelevante de la presión intraocular (Sankalp & Dada, 2022). Los investigadores afirmaron explícitamente que los ejercicios “no pueden recomendarse para el manejo de la presión intraocular elevada en pacientes con glaucoma”. Si tienes glaucoma, consulta a tu oftalmólogo antes de practicar.

Cataratas o miopía severa. La fijación sostenida sin parpadeo y un punto focal brillante pueden no ser apropiados para ojos comprometidos. Un estudio halló que trataka producía mejoras moderadas en la claridad visual comparables a los ejercicios oculares convencionales para errores refractivos leves (Nimaje et al., 2013), pero la evidencia no respalda tratar afecciones oculares graves con la práctica de fijación. Pide primero el visto bueno médico.

Epilepsia. Una llama oscilante puede desencadenar convulsiones en personas fotosensibles. Si tienes epilepsia y quieres probar trataka, usa un punto negro sobre papel blanco en lugar de una vela y consulta a tu neurólogo.

Infecciones o inflamaciones oculares agudas. Espera a que se resuelvan. Fijar la mirada con ojos irritados o infectados va a empeorar las cosas.

Psicosis o esquizofrenia. Las prácticas de concentración intensa pueden ser desestabilizadoras para personas con estas condiciones. Es una contraindicación mencionada en los textos clásicos del yoga y por maestros modernos. No es alarmismo.

Niños menores de 12 años. Sus ojos aún se están desarrollando. Versiones suaves y breves pueden estar bien, pero más vale pecar de prudente y mantener las sesiones cortas.

Para todos los demás: Trataka es segura cuando se practica con sentido común. No mires fijamente más allá de una incomodidad real. No te saltes los descansos. No uses una fuente de luz externa intensa como el sol (esa es una práctica distinta y avanzada que requiere guía experta). Si los ojos te duelen al día siguiente, has practicado demasiado o demasiado fuerte. Reduce.


Fuentes

  • Raghavendra BR, Singh P. (2014). “Effect of trataka on cognitive functions in the elderly.” International Journal of Yoga, 7(2), 96–103. PMC4097909.
  • Ramanathan M, Bhavanani AB, Trakroo M. (2020). “Effectiveness of yogic visual concentration (Trataka) on cognitive performance and anxiety among adolescents.” Journal of Complementary and Integrative Medicine, 18(2). PubMed: 32415824.
  • Tubbs AS, Kennedy KER, Alfonso-Miller P, Worley SL, Grandner MA. (2020). “Effect of trataka (yogic gazing) on insomnia severity and quality of sleep in people with insomnia.” Explore. PubMed: 33036930.
  • Nimaje GT, Tripathy TB, Deole YS. (2013). “A clinical study to evaluate the efficacy of Trataka Yoga Kriya and eye exercises in the management of Timira.” Ayu, 34(1), 81–86. PMC3665208.
  • Sankalp, Dada R. (2022). “Effect of Tratak (Yogic Ocular Exercises) on Intraocular Pressure in Glaucoma: An RCT.” International Journal of Yoga, 15(1). PMC9015087.
  • “Trataka and cognition: A systematic review with a proposed neurophysiological mechanism.” (2025). Journal of Neurosciences in Rural Practice. Link.
  • Martinez-Conde S, Macknik SL, Troncoso XG, Hubel DH. (2006). “Microsaccades counteract visual fading during fixation.” Neuron, 49(2), 297–305. ScienceDirect.
  • Kinsbourne M. (1972). “Eye and head turning indicates cerebral lateralization.” Science, 176(4034), 539–541. Link.
  • Sur M. (1996). “Visual processing and the brain.” MIT News. Link.
  • Swatmarama. (c. siglo XV). Hatha Yoga Pradipika, traducido por Pancham Sinh (1914). Sacred Texts Archive.
  • Gheranda Samhita (c. siglo XVII). Versos 1:53–54.
  • Dr. Giridhar ‘Yogeshwar’. (1983). “Trataka or Yogic Gazing.” Yoga Magazine (Bihar School of Yoga). Link.
  • Cambell D. (2021). “Trataka — Benefits of Candle Gazing Techniques.” SJPBS, 5(5). Lupine Publishers.
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